Estrella de las ofrendas dedicadas a la celebración del Día de Muertos, el pan de muerto es uno de los símbolos más representativos de la cocina mexicana. Aunque sus orígenes son una mezcla de prácticas prehispánicas y elementos españoles, es un miembro frecuente en las mesas mexicanas especialmente en estos días.
La muerte no es el final
De acuerdo a la investigadora María Angélica Galicia Gordillo, del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el pan de muerto, tal como es hoy, no existía en el mundo prehispánico. En aquella época se elaboraban figuras rituales (tzoalli) hechas con amaranto y sangre, a las cuales se les agregaba miel o aguamiel. Su uso era ritual tanto en la religión como en la agricultura.
Con los españoles también llegó el trigo, un ingrediente desconocido en América que, después de años, fue cultivado con éxito en tierras mexicanas. Al poco tiempo, comenzaron a elaborarse panes al estilo europeo pero con elementos de las culturas nativas, como los huesos.
En España existía el llamado pan de ánimas, que se daba a los niños con el fin de animarlos a orar por los difuntos. El nuevo pan se elaboraría con formas de huesos o lágrimas y se cubriría con azúcar roja. De este modo, la muerte no se consideraría el final, sino un proceso de transición hacia otra dimensión.
Variantes de pan de muerto
En cada zona de México, el pan de muerto tiene formas, significados y sabores diferentes para reflejar la identidad local y la relación de ésta con los difuntos.
Guanajuatense. El pan de muerto tiene figura humana y mientras que para los adultos se ofrece con un punto de azúcar rosa en el centro, para los niños es totalmente blanco. Se le llama alma o fantasma.
Hidalguense. Las pelucas son panes ovalados, lisos y rojos, sin azúcar en la superficie. Además se elaboran las moriscas, con harina, canela, huevo y pulque, y los xantolos, que son unos panes con forma humana, ya sea coloreados o de manera natural.
Chilanga. En Ciudad de México, las despeinadas son rosquillas decoradas con azúcar de colores, principalmente rosa, originarias de Mixquic. La versión en forma de mariposa está dedicada a las niñas muertas, bajo la creencia de que sus almas se transforman en dicho insecto.
Oaxaqueña. El pan bordado de muerto es una combinación de trigo, anís, canela y manteca. Está hecho con motivos florales de pintura vegetal e incluye la forma de una calavera o de una cara humana. Asimismo hay que mencionar el pan de yema, hecho con yemas de huevo y espolvoreado con semillas de ajonjolí. Incluye la imagen de un rostro humano.
Michoacana. El pan de ofrenda contiene harina de trigo, azúcar, sal y levadura de soya. Sus formas y colores son distintos.
Tehuana. Originarias de las tribus zapotecas, las regañadas son panes que representan a las ánimas de personas y animales muertos. Sus ingredientes incluyen harina de trigo, manteca de cerdo, azúcar, huevo, mantequilla y sal. Antes de hornearse se espolvorean con azúcar y canela.
Poblana y guerrerense. El gollete es un pan destacado similar a las despeinadas chilangas y el pan de muñeco (con forma humana) es especialmente importante en las ofrendas guerrerenses Se usa azúcar rosa o de colores para adornarlo.
Tradición que permanece
A pesar del paso del tiempo el Día de Muertos es una tradición que sigue viva y, de hecho, desde 2008 es considerada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés).
En la actualidad el pan de muerto no solamente forma parte de las ofrendas, sino que significa un modo de preservar la memoria colectiva así como la cultura y una unión del pasado con el presente.
Imagen cortesía de Gran Turismo México (granturismomexico.com) Todos los derechos reservados.
Fuentes:
Pan de muerto: origen, historia y diversidad cultural. Autor: Pepe Herrera. Octubre 28, 2025.
https://unamglobal.unam.mx/global_revista/pan-de-muerto-origen-historia-simbolismo/

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